Cada vez existe más evidencia de que la rehabilitación prequirúrgica en una lesión de LCA puede influir de forma positiva en la recuperación posterior y en el retorno a la actividad física.Hay una secuencia que vemos constantemente: gesto raro en la rodilla, dolor/inestabilidad, consulta con traumatólogo, resonancia, confirmación de lesión de ligamento cruzado anterior y… fecha para la cirugía.
Automáticamente la persona entra en “modo espera” hasta la cirugía y normalmente se delega el peso y la responsabilidad del éxito en eso, la cirugía. Y hasta cierto punto puede ser entendible si te vas a operar en 1 o 2 semanas. Pero, ¿y si la cirugía es dentro de 2, 3 o 6 meses? Pues ya te lo digo yo, el modo espera puede convertirse en modo apagado con posibles consecuencias en el postquirúrgico. Cuidado.
El contexto actual: la urgencia de querer volver y una oportunidad de oro que antes no existía
Tanto la sanidad pública como la privada atraviesan actualmente tiempos de espera más largos para este tipo de cirugías. Aunque esto genera frustración lógica en muchos pacientes, desde el punto de vista de la rehabilitación hay una parte positiva en esto: tenemos una oportunidad de oro para preparar la rodilla antes de operar. Y como veremos luego, seguramente tenga beneficios para tu rodilla a medio y largo plazo.
Sin embargo, la primera reacción de muchas personas cuando se lesionan el LCA suele ser casi instintiva: “cuanto antes me opere, antes me recuperaré”. Y es completamente normal pensarlo así. El cerebro interpreta la lesión como lo que es, una amenaza: aparece dolor, inestabilidad, miedo a perder nivel deportivo, miedo a no volver a ser el mismo. En ese contexto, la cirugía se percibe como la solución rápida, como la manera de “volver a poner la rodilla en su sitio”. Es una respuesta muy humana y prácticamente de supervivencia. El problema es que la recuperación de un LCA rara vez funciona con una lógica de rapidez. Funciona mucho más con una lógica de preparación, adaptación y toma de decisiones inteligentes.
Y aquí también debemos hacer cierta autocrítica como profesionales sanitarios. En ocasiones, desde el propio entorno clínico se alimenta demasiado esa sensación de urgencia quirúrgica, como si operar rápido fuese automáticamente sinónimo de mejor resultado. Sin embargo, no siempre se dedica el tiempo suficiente a valorar el estado real de la rodilla, el contexto del paciente, sus objetivos o incluso qué necesita exactamente antes de entrar a quirófano. La rehabilitación muchas veces queda olvidada entre resonancias, consultas y fechas quirúrgicas, cuando probablemente sea una de las herramientas más importantes para mejorar el punto de partida del proceso. Porque no se trata solo de operar una rodilla. Se trata de preparar una persona para todo lo que viene después.
La educación y gestión de las expectativas
La educación para afrontar el proceso será clave, y con educación no hablamos sólo a “dar información”, sino que se incluirán más variables además de las físicas que son determinantes en el proceso de recuperación. Esto incluye el miedo, el compromiso, la motivación y la gestión de las expectativas.
Por ello, paciente y clínico deberán establecer metas realistas sobre el proceso de rehabilitación, definir el cronograma de recuperación y el tiempo estimado para el posible retorno al deporte. La estimación que hace el paciente sobre su propia capacidad para volver al nivel previo ha mostrado ser uno de los predictores preoperatorios más importantes para el retorno a la actividad física. Es decir, niveles bajos de motivación y bajas expectativas se asocian con una menor probabilidad de retomar la actividad física.
Por tanto será un desafío más para el clínico, y por supuesto para el paciente, el conseguir ese nivel de motivación necesario para enfocar este proceso. Desde la motivación será mucho más fácil construir otras variables fundamentales del proceso como la disciplina, la constancia y la adherencia a la rehabilitación.
Preparar la rodilla antes de la cirugía: movilidad, fuerza y control de la inflamación
A nivel estructural tendremos unos objetivos claramente marcados en la rehabilitación antes de la cirugía:
Control de la inflamación y disminución de síntomas
Suele ser habitual, aunque no siempre, que se produzcan síntomas tras el episodio lesional como dolor, malestar y/o rigidez. Es normal, hemos tenido una lesión importante y el sistema responde, se protege. Una de las respuestas más comunes es la inflamación. Una rodilla inflamada que entra a quirófano suele asociarse con peor pronóstico. Piénsalo, tu rodilla se ha visto altamente amenazada y dañada con el episodio lesional y de pronto, otra gran amenaza y daño en forma de cirugía, que potencialmente va a producir más protección e inflamación. Todo lo que podamos disminuir ese estado de amenaza e inflamación antes de la cirugía facilitará cómo responderá la rodilla al postquirúrgico inmediato.
Restauración del rango de movimiento
Crucial para reducir riesgo de complicaciones postquirúrgicas como la artrofibrosis o el tan temido “cíclope”.
Aumento de la fuerza muscular
De los flexores de rodilla y fundamentalmente del cuádriceps, especial damnificado de todo el proceso lesional y postquirúrgico. Parte de esta pérdida de función se explica por la ya conocida inhibición muscular artrogénica. Un estado en el que no hablamos únicamente de pérdida de masa y fuerza muscular o “debilidad”, sino también de una dificultad real del cerebro para reclutar y utilizar esa musculatura con normalidad.
Y precisamente aquí es donde empezamos a entender que una lesión de LCA no solo afecta a la rodilla, sino también al sistema nervioso que la controla.
El cerebro no espera: cómo afecta una lesión de LCA al sistema nervioso
Desde el mismo momento de la lesión empiezan a producirse cambios en el sistema nervioso que alteran cómo el cerebro percibe, controla y utiliza esa pierna.
El dolor, la inflamación y la sensación de amenaza generan una disminución de la excitabilidad corticoespinal y de la capacidad de activación motora, especialmente del cuádriceps. Dicho de forma simple: el cerebro empieza a “desenchufar” parcialmente una musculatura que interpreta como vulnerable o insegura. Por eso muchas veces el paciente siente que la pierna “no responde”, “no empuja igual” o “ha dejado de ser suya”, incluso aunque el músculo todavía conserve masa suficiente.
El problema es que esta cascada no aparece después de la cirugía. Empieza desde el momento lesional. Y cuanto más tiempo pasa:
- Menor activación muscular existe.
- Menos estímulo recibe el tejido.
- Más rápida es la atrofia.
- Peor es la calidad del movimiento y más se consolidan patrones protectores y compensaciones.
De este modo, uno de nuestros objetivos será enseñarle al sistema nervioso que esa pierna puede moverse, producir fuerza y volver a participar de forma normal en el movimiento.
Beneficios de la rehabilitación prequirúrgica: del corto al largo plazo
El hecho de hacer rehabilitación prequirúrgica no sólo ha mostrado ser beneficioso para afrontar en el mejor estado la cirugía sino que también añade efectos positivos a medio y largo plazo. Sembrar en el corto plazo es invertir en cómo responderá la rodilla en el medio y largo plazo. Así nos lo dice la evidencia. Los pacientes que hicieron rehabilitación antes de la cirugía recuperaron la fuerza y la función extensora mucho más rápido que aquellos que solo hicieron rehabilitación convencional tras la cirugía.
Además, los beneficios se mantienen una década después. Sí, 10 años después. Con mejores puntuaciones de calidad de vida y menores síntomas en comparación con quienes no realizaron prehabilitación antes de la cirugía.
Qué intentamos hacer en nuestra Unidad de Rodilla
En Eshmún Sport Clinic entendemos la rehabilitación prequirúrgica como una fase activa y estratégica del proceso, no como un simple “mientras llega la cirugía”.
Por eso trabajamos integrando:
- Evaluación clínica objetiva del estado de la rodilla.
- Educación, explicación del proceso y hoja de ruta individualizada.
- Control de inflamación (Game Ready, INDIBA).
- Trabajo de movilidad.
- Plan dirigido de trabajo de fuerza.
- Tecnología de medición para monitorizar progreso como dinamometría y plataformas de presión (VALD Performance).
- Acompañamiento psicológico si se requiere.
- Preparación física.
Detrás de cada lesión hay una persona, una rodilla, una historia, unos miedos, unas expectativas y unos objetivos que son individuales. Entender esto nos hace diferentes. Creemos en procesos individualizados, guiados por evidencia científica, experiencia clínica y profesionales especializados capaces de entender que cada rodilla, y cada persona, necesita algo diferente.
Conclusión: preparar la cirugía también es parte del tratamiento
La rehabilitación del ligamento cruzado anterior no comienza el día de la cirugía, sino el día de la lesión. Aprovechar el tiempo previo a la intervención para mejorar la movilidad, recuperar fuerza, controlar la inflamación y preparar a la persona para el proceso posterior puede marcar diferencias relevantes en la recuperación. La evidencia actual muestra que la rehabilitación prequirúrgica no es tiempo perdido: es una inversión en el resultado futuro.
Bibliografía
- Zakharia A, Zhang K, Al-Katanani F, Rathod P, Uddandam A, Kay J, et al. Prehabilitation prior to anterior cruciate ligament reconstruction is a safe and effective intervention for short- to long-term benefits: A systematic review. Knee Surgery, Sports Traumatology, Arthroscopy. 2025. DOI: 10.1002/ksa.12631.
- Carter HM, Lewis GN, Smith BE. Preoperative predictors for return to physical activity following anterior cruciate ligament reconstruction (ACLR): a systematic review. BMC Musculoskeletal Disorders. 2023;24:471. DOI: 10.1186/s12891-023-06489-5.
- Grindem H, Granan LP, Risberg MA, et al. How does a combined preoperative and postoperative rehabilitation programme influence the outcome of ACL reconstruction 2 years after surgery? A comparison between patients in the Delaware-Oslo ACL Cohort and the Norwegian National Knee Ligament Registry. British Journal of Sports Medicine. 2015;49(6):385-389.

