
por Elena Pavía
La mujer experimenta una vida profundamente cíclica desde el punto de vista hormonal, que comienza con un período fértil y finaliza con el proceso conocido como climanterio, comúnmente denominado menopausia. Sin embargo, este término resulta insuficiente pare describir todo el proceso que conlleva esta etapa vital.
El climaterio engloba el período completo de transifición biologica en la vida de la mujer, que marca el paso de la etapa reproductivas a la no reproductiva. Dentro de este proceso se distinguen tres fases: la perimenopausia, la menopausia y la postmenopausia. Generalmente tiene lugar entre los 40 y los 65 años, aunque su incio y desarrollo son muy variables y dependen del contexto individual de cada mujer.

¿Qué ocurre a nivel fisiológico?
Durante el climaterio se produce una disminución progresiva de la función ovárica, acompañada de importantes cambios hormonales, principalmente en los niveles de estrógenos y progesterona. A estos se suman modificaciones metabólicas, óseas, cardiovasculares y neurológicas.
Dado que este proceso da para un abordaje extenso, en este artículo se pone el foco en la primera de las etapas: la perimenopausia. Esta suele comenzar entre 5 y 10 años antes de la menopausia propiamente dicha. Por ello, en mujeres de entre 40 y 50 años, este proceso ya puede estar presente. Se trat de una fase caracterizada por cambios más abruptos, intesos e irregulares, que en muchas ocasiones resultan difíciles sde comprender y de sostener.
Durante esta etapa se producen fluctuaciones significativas de estrógenos y progesterona, ciclos menstruales irregulares tanto en durción como en cantidad, así como una ovulación variable. Es decir, la mujer continúa siendo fértil , pero comienza a experimentar cambios corporales que no se corresponden con etapas anteriores de su vida, lo que puede genera disconfort físcio y emocional.
Es habitual que algunas mujeres se sientan confundidas, sin identificar con claridad en qué momento del proceso se encuentran ni qué medidas deben tomar para perservar sus salud, especialmente cuando empiezan a preocuparse por posibles consecuencias futuras.
Conviene aclarar qu el término menopausia se refiere al diagnóstico que se establece tras la última menstruación, una vez han transcurrido 12 meses consecutivos sin regla. Hasta ese momento, el cuerpo responde de forma diferente a los distintos estímulos y presenta necesidades específicas.
El papel del ejercicio físico en la perimenopausia
La buena noticia es que el ejercicio físico durante la perimenopausia aporta beneficios comparables a los de una auténtica multipíldora, ayudando a que los síntomas sean menos frecuentes y menos intesos, y contribuyendo a mejorar de forma significativa mucho de ellos.
Entre los beneficios más destacados de una actividad física bien estructuradas se encuentran:
- Mejorar la salud global y de calidad de vida, con un impacto positivo en el bienestar general, la vitalidad y la salud mental frente a la inactividad.
- Beneficios a nivel musculoesquelético, fundamentales para la preservación de la masa muscular y la fuerza, lo que reduce el reisgo de osteoporosis. Además, mejora el equilibrio y disminuye el reisgo de caídas y fracturas.
- Mayor protección cardiovascular y metabólica, especialmente gracias al ejercicio aeróbico. El riesgo cardiovascular aumenta tras la menopausia, por lo que resulta clave cuidar el metabolismo y prevenir el incremento excesivo de peso.
- Regulación del estrés y mejora de síntomas de ansiedad y depresión.
- Disminución moderada de síntomas físicos como la fatiga, el dolor muscular, la irritabilidad, los dolores de cabea o el insomnio. En cuanto a los síntomas vasomotores, como los sofocos, la evidencia científica es aún limitada y se requiere mayor investigación.
- Prevención de enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento como la diabetes tipo 2.
Las revisiones científicas más recientes indican que el tipo de ejercicio más beneficioso para maximizar estos efectos es la combinación de entrenamiento de fuerza de moderada a alta intesidad, trabajo cardiovascular y ejercicios pliométricos. Todo ello debe realizarse con una frecuencia semanal adecuada, con dosis ajustadas a cada persona, favoreciendo la adherencia y la consolidación del ejercicio como un hábito a largo plazo.
Para profundizar en este proceso, resulta fundamental contar con profesionales especializados en entrenamiento para la mujer, en coordinación con una valoración previa por parte de un profesional sanitario. De este modo, es posible identificar qué aspectos son prioritarios en cada caso, ya que, aunque el cuerpo responde muy bien al ejercicio durante la perimenopausia, también es más sensible al estrés y a volúmenes excesivos de entrenamiento. La correcta planificación de las cargas será clave para obtener beneficios sin efectos adversos.
El ejercicio físico se presenta, por tanto, como una opción segura y no farmacológica, con efectos positivos demostrados sobre la salud de las mujeres durante el climaterio.
Por último, es importante destacar que no es necesario esperar a los 40 años para comenzar a moverse. Iniciar la actividad física lo antes posible, independientemente de la edad y fomentar hábitos saludables desde la infancia, constituye una de las mejores inversiones en salud hormonal y bienesdtar futuro.
Bibliografía
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