La masa muscular cumple muchas más funciones que permitirnos movernos, hacer ejercicio o tener una determinada apariencia física. El músculo es un tejido metabólicamente activo que participa en la regulación de diferentes procesos del organismo y que adquiere una importancia especial cuando una persona atraviesa un proceso oncológico.
Por eso, preservar la masa muscular, mantener la fuerza y asegurar una adecuada alimentación son aspectos fundamentales durante el tratamiento del cáncer.
En el último episodio de 20 METs, el podcast de Uniones, hablamos sobre ello con Ismael Galancho, dietista-nutricionista y especialista en rendimiento deportivo, metabolismo y salud. Una conversación en la que abordamos algunas de las dudas más habituales en torno a la masa muscular, la proteína, el ejercicio, el porcentaje de grasa y la alimentación durante el proceso oncológico.
El músculo no es solo una cuestión estética
Cuando hablamos de masa muscular, es habitual asociarla inmediatamente con la estética: ganar volumen, verse más fuerte o conseguir un determinado físico.
Sin embargo, el músculo tiene funciones mucho más importantes. Como explica Ismael Galancho durante el episodio, el tejido muscular es altamente metabólico y actúa como una reserva funcional del organismo. Además de intervenir en el movimiento y la capacidad física, participa en diferentes procesos metabólicos y endocrinos.
El músculo libera unas sustancias conocidas como mioquinas, que intervienen en la comunicación entre el tejido muscular y otros órganos y tejidos. Algunas de ellas participan en la regulación de procesos relacionados con la inflamación y el metabolismo.
Por eso, durante un proceso oncológico, perder masa muscular puede tener consecuencias que van mucho más allá de un cambio en el peso corporal o en la apariencia física.
La pérdida de músculo puede asociarse a mayor fatiga, pérdida de fuerza, menor autonomía, mayor fragilidad, deterioro de la capacidad funcional y peor calidad de vida.
Y, especialmente en oncología, preservar la masa muscular se convierte en una prioridad.
Cantidad de músculo vs. calidad muscular
Una de las cuestiones que abordamos durante el podcast es especialmente importante: tener más músculo no significa necesariamente tener un músculo más saludable.
Cuando hablamos de calidad muscular nos referimos, entre otros aspectos, a su funcionalidad: la capacidad del músculo para producir fuerza y responder adecuadamente a las demandas del organismo.
Un músculo funcional es aquel que permite a una persona desenvolverse en su día a día: levantarse de una silla, subir escaleras, caminar, cargar objetos o realizar las actividades habituales con autonomía.
La capacidad para ejercer fuerza también puede aportar información sobre el estado funcional y metabólico del tejido muscular.
Por eso, cuando trabajamos con una persona durante un proceso oncológico, el objetivo no debería ser simplemente ganar músculo, sino preservar la funcionalidad y la capacidad física en la medida de lo posible.
La importancia de prevenir la pérdida de masa muscular
Durante el cáncer pueden producirse diferentes cambios metabólicos que favorecen la pérdida de masa muscular. Además, algunos pacientes presentan pérdida de apetito, náuseas, alteraciones digestivas u otros efectos derivados de la propia enfermedad o de los tratamientos.
Todo esto puede dificultar que la persona cubra sus necesidades energéticas y proteicas. En este contexto aparece un concepto especialmente relevante: la caquexia. Asociada al cáncer, se trata de un síndrome caracterizado por una pérdida involuntaria y progresiva de peso, masa muscular y, en algunos casos, tejido adiposo, acompañado de alteraciones metabólicas.
Por eso, una pérdida de peso significativa durante un proceso oncológico no debería interpretarse automáticamente como algo positivo. El objetivo nutricional y de ejercicio debe valorar qué se está perdiendo y, especialmente, intentar preservar la masa muscular y la capacidad funcional.
Proteína: importante, pero no suficiente
Cuando hablamos de músculo, la proteína suele aparecer inmediatamente en la conversación. Y sí, la proteína es necesaria para mantener y reparar el tejido muscular.
Podemos imaginar los aminoácidos como los ladrillos necesarios para construir y mantener ese tejido. Pero, como explica Ismael Galancho en el podcast, tener ladrillos no significa que automáticamente vayamos a construir una casa.
Para que el organismo tenga un estímulo para mantener o desarrollar la masa muscular necesitamos también ejercicio y tensión mecánica. Por eso, proteína y ejercicio deben entenderse como piezas complementarias.
¿Es necesario tomar proteína en polvo?
No. La proteína en polvo no es obligatoria ni es intrínsecamente mejor que la proteína procedente de los alimentos. Puede ser simplemente una herramienta práctica para alcanzar las necesidades proteicas cuando resulta difícil hacerlo mediante la alimentación habitual.
Esto puede ser especialmente útil en determinadas personas con cáncer que presentan poco apetito, náuseas o dificultades para ingerir suficiente cantidad de comida.
Por tanto, la suplementación puede ser útil, pero no sustituye una alimentación adecuada y tampoco sustituye al ejercicio. Y su utilización debe individualizarse según las necesidades de cada persona.
¿Cuánta proteína necesita una persona con cáncer?
Esta es una de las cuestiones en las que el podcast aporta un matiz especialmente interesante. En personas con resistencia anabólica, como puede ocurrir en personas mayores o durante determinados procesos patológicos, no solo importa la cantidad total de proteína consumida, sino también cómo se distribuye a lo largo del día.
La resistencia anabólica hace que el músculo responda peor a determinados estímulos, incluida la ingesta de proteína. Por eso, en determinados pacientes puede ser interesante concentrar una cantidad suficiente de proteína en varias ingestas a lo largo del día en lugar de realizar muchas comidas con cantidades muy pequeñas.
Ahora bien, no existe una cantidad universal de proteína que sirva para todas las personas con cáncer.
Las necesidades dependen de factores como el tipo de cáncer, el estado nutricional, la composición corporal, la actividad física, el tratamiento y la situación clínica.
Por eso, la recomendación debe realizarse de forma individualizada por un profesional cualificado.
¿Y qué ocurre con los carbohidratos y el ayuno?
Durante los últimos años han proliferado numerosos mensajes relacionados con la alimentación y el cáncer: ayuno, dietas cetogénicas, eliminación de azúcar, determinados suplementos…
El problema aparece cuando estas recomendaciones se convierten en reglas generales aplicables a cualquier persona con cáncer. Y no lo son.
Como explica Ismael Galancho durante el episodio, el cáncer engloba una enorme variedad de enfermedades, situaciones clínicas y tratamientos. Una estrategia que pueda estudiarse en un determinado contexto no significa que sea adecuada para todas las personas.
El ayuno es buen ejemplo. Aunque existen investigaciones que estudian posibles beneficios del ayuno en determinados contextos relacionados con el tratamiento oncológico, también puede resultar contraproducente en una persona que presenta pérdida de peso, baja ingesta energética o riesgo de pérdida de masa muscular.
En estos casos, restringir todavía más la ingesta puede ir en dirección contraria al objetivo de preservar el músculo.
Lo mismo ocurre con otros enfoques dietéticos.
En oncología, menos no siempre es mejor
Eliminar alimentos por miedo, restringir grupos completos de nutrientes o realizar ayunos prolongados sin una indicación profesional puede dificultar que la persona alcance sus necesidades nutricionales. Por eso, uno de los mensajes fundamentales del episodio es desmitificar la alimentación durante el cáncer y evitar las generalizaciones.
La alimentación debe adaptarse a la situación de cada persona y priorizar que se cubran sus necesidades energéticas, proteicas y de micronutrientes.
¿Hay que perder peso durante un proceso oncológico?
Esta es otra de las dudas que aparecen con frecuencia. Y la respuesta es: depende de la situación de cada persona. Durante el podcast hablamos de un ejemplo muy habitual: una persona a la que se le dice que le sobran tres kilos. Una afirmación demasiado simplista en un proceso oncológico. Si el objetivo prioritario es preservar la masa muscular, no tiene sentido centrarse únicamente en el número que aparece en la báscula. El peso corporal está compuesto por diferentes tejidos. Por eso es mucho más interesante valorar la composición corporal, la masa muscular, la fuerza, la funcionalidad y el estado nutricional en su conjunto.
En determinados pacientes puede ser adecuado reducir el exceso de grasa corporal. Pero, especialmente cuando existe riesgo de pérdida muscular, la prioridad será preservar el músculo y la función física.
Músculo y hueso: dos tejidos que también necesitan estímulo
La relación entre músculo y hueso es otro de los temas que aparece durante la conversación. El organismo necesita estímulos para mantener sus tejidos. El ejercicio, especialmente aquel que implica carga y fuerza, proporciona estímulos importantes tanto para el tejido muscular como para el sistema musculoesquelético.
Esto también ayuda a entender por qué una pérdida de peso muy rápida y acompañada de una ingesta insuficiente y ausencia de ejercicio puede tener consecuencias sobre la composición corporal.
El objetivo no debería ser simplemente pesar menos, sino conseguir una composición corporal y una capacidad funcional más saludables.
¿Qué ocurre con los fármacos para perder peso?
Durante el episodio también hacemos una pequeña pausa en el ámbito oncológico para hablar de los fármacos utilizados actualmente para el tratamiento de la obesidad, como los agonistas de GLP-1 y otros fármacos relacionados.
El mensaje principal es importante: la pérdida de masa muscular que pueda observarse durante una pérdida de peso importante no debe interpretarse necesariamente como un efecto directo del fármaco.
Cuando una persona reduce drásticamente su ingesta energética, especialmente si no realiza entrenamiento de fuerza y no consume suficiente proteína, puede producirse una pérdida de masa muscular.
Por eso, cuando existe una indicación médica para utilizar estos tratamientos, el abordaje debería contemplar también nutrición, ejercicio y seguimiento de la composición corporal.
Y, por supuesto, no deben utilizarse como una herramienta puramente estética sin indicación médica.
El ejercicio es una terapia durante el proceso oncológico
Si hay una idea que atraviesa toda la conversación es esta:
El ejercicio importa. Y mucho.
Pero hablar de ejercicio durante el cáncer no significa que todas las personas tengan que entrenar de la misma manera. No significa levantar grandes cargas, entrenar con una intensidad determinada o hacer el mismo programa que una persona sana.
Para una persona puede ser un entrenamiento de fuerza convencional. Para otra, puede consistir en levantarse y sentarse en una silla, trabajar con bandas elásticas, caminar o realizar ejercicio adaptado a su capacidad actual.
Lo importante es que exista un estímulo adecuado a la situación de la persona y a la fase del tratamiento en la que se encuentra. Como explica Ismael Galancho durante el episodio, una gran parte de los beneficios del ejercicio se obtiene simplemente pasando de no hacer nada a hacer algo.
No necesitamos perseguir siempre el máximo rendimiento para obtener beneficios para la salud.
Tres prioridades ante un diagnóstico de cáncer
Si tuviéramos que resumir toda la conversación en tres grandes ideas, serían estas:
- Educación y eliminación de mitosUn diagnóstico de cáncer puede generar miedo y una enorme cantidad de información contradictoria. Entender qué está ocurriendo, qué podemos hacer y qué información es fiable es fundamental. No todo lo que se comparte en redes sociales sobre ayuno, azúcar, suplementos o dietas tiene aplicación para todas las personas.
- Mantenerse físicamente activosEl ejercicio debe formar parte del abordaje siempre que la situación clínica lo permita y con una prescripción adaptada a cada persona. El entrenamiento de fuerza tiene un papel especialmente relevante para preservar la masa muscular y la capacidad funcional.
- Cubrir las necesidades nutricionalesUna alimentación suficiente y de calidad, con una adecuada ingesta energética y proteica, es fundamental. La estrategia debe individualizarse y adaptarse a síntomas como falta de apetito, náuseas, problemas digestivos o cambios en las necesidades nutricionales. Y, cuando sea necesario, los suplementos pueden utilizarse como una herramienta más.
La importancia de un abordaje multidisciplinar
El cuidado de una persona con cáncer no puede reducirse a una única variable.
Peso, grasa corporal, masa muscular, fuerza, alimentación, ejercicio, tratamiento médico, estado emocional y calidad de vida están relacionados.
Por eso es tan importante que el ejercicio y la nutrición se entiendan como parte de un abordaje sanitario y no como una cuestión estética.
La intensidad, el volumen, la frecuencia del ejercicio, la cantidad de proteína, las necesidades energéticas y cualquier suplementación deben adaptarse a cada situación.
Especialmente durante un proceso oncológico, no se trata de hacer más, sino de hacer lo adecuado en el momento adecuado.
Masa muscular, nutrición y ejercicio: cuidar lo que sí podemos cuidar
Un diagnóstico de cáncer puede hacer que muchas personas sientan que pierden el control sobre su propio cuerpo.
Pero, como recuerda Ismael Galancho durante el episodio, hay muchas cosas que sí podemos hacer.
Mantenerse activo dentro de las posibilidades de cada persona, preservar la masa muscular, cubrir las necesidades nutricionales y contar con profesionales que adapten el ejercicio y la alimentación a cada fase del proceso puede contribuir a mantener la autonomía, la capacidad funcional y la calidad de vida.
Y quizá uno de los mensajes más importantes sea precisamente ese: el ejercicio y la nutrición no son elementos secundarios durante el proceso oncológico. Forman parte del cuidado de la salud y deben abordarse con la misma seriedad y personalización que cualquier otra intervención.
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