Ejercicio e incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es la pérdida de orina involuntaria, demostrable objetivamente. Existen diferentes tipos de incontinencia, siendo los más frecuentes la incontinencia de urgencia, la de esfuerzo y la mixta. Es más habitual en mujeres que en hombres y a más edad, mayor probabilidad de sufrirla. Además, aspectos como el embarazo, el parto o el estreñimiento crónico también están relacionados con la incontinencia urinaria.

En este caso vamos a centrarnos en la incontinencia de esfuerzo, ya que es la que más relación tiene con la práctica deportiva. Al realizar esfuerzos se provoca un aumento de la presión intra-abdominal que da lugar a la pérdida de orina involuntaria. Estos esfuerzos pueden ser mínimos, como levantarse o hablar más fuerte, o esfuerzos más demandantes, tales como toser o estornudar, correr o realizar cualquier actividad con peso, desde llevar las bolsas de la compra a realizar deadlift (peso muerto) en los entrenamientos con algunos de nuestros entrenadores.

Lo que ocurre es que al aumentar la presión que hay en el abdomen, las paredes de la vejiga sufren mayor compresión. Si el esfínter uretral no es capaz de soportar este aumento de presión, cede y permite (de forma involuntaria) el paso de orina al exterior.

Es decir, imagina que tenemos un globo lleno de agua y estamos sujetando la boquilla con nuestros dedos índice y pulgar de la mano derecha. Si con la mano izquierda apretamos el globo, tendremos que aumentar la fuerza de nuestros dedos para que el agua no se escape. Si seguimos apretando el globo pero no cerramos bien la boquilla, el agua saldrá al exterior.

Pero, ¿qué pasa con el deporte? ¿Es perjudicial para nuestro suelo pélvico? ¿es mejor no realizar actividad física?

El deporte es un factor de riesgo para tener incontinencia urinaria, sobre todo si se trata de deporte de impacto (saltar, correr). Sin embargo, esfuerzos mínimos, del día a día, también provocan un aumento de presión intra-abdominal, por lo que tenemos que estar preparados para hacerles frente. Hay estudios que demuestran que la vida sedentaria no asegura una continencia plena y, por otro lado, no podemos obviar los beneficios que aporta el deporte en el resto de sistemas, tanto a nivel físico como emocional.

“Entonces, si tengo incontinencia, ¿puedo hacer deporte?” Si tienes incontinencia lo ideal es que te pongas en manos de un fisioterapeuta especializado para comenzar su tratamiento y adaptar la práctica deportiva a tu situación. Además fortalecer la musculatura del suelo pélvico y el abdomen e incluir su entrenamiento dentro de nuestras sesiones es una buena forma de prevención de disfunciones del suelo pélvico.

Por otra parte, en caso de que sufras incontinencia moderada o grave, existen dispositivos que ayudan a controlar la pérdida de orina durante la actividad física. Combinar su uso con un buen tratamiento de fisioterapia puede ser una buena opción para no abandonar el deporte y mantenernos en forma.

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